
En todas las ciudades de España existen muchos grupos de músicos aficionados que, aunque perfectamente capaces de amenizar cualquier “velada” con la complacencia del público, no encuentran una demanda suficiente de actuaciones en vivo que les permita dedicarse a ello profesionalmente. La razón es fácil de entender: desde un punto de vista estrictamente económico a la mayor parte de los propietarios de locales nocturnos les resulta más beneficioso programar su ordenador con las últimas novedades en mp3. Sin embargo el interés de los propietarios de locales no tiene porque coincidir con el interés de la sociedad en su conjunto. En un post anterior resaltaba la creciente importancia económica de las industrias culturales, de las cuales la música es una de las más relevantes. Pero difícilmente fomentaremos la creatividad musical y la aparición de nuevos y buenos profesionales de la música si no existe un mercado suficiente que les permita subsistir en sus inicios. La cuestión es ¿cómo podemos estimular dicha demanda sin decir a los empresarios como deben gestionar su local y sin recurrir permanentemente a las subvenciones? Una posible solución sería ligar de manera efectiva los horarios de cierre a la programación de música en vivo, de forma que aquellos locales que ofreciesen este tipo de espectáculos, aunque no fuese más que un par de días por semana, pudiesen disfrutar de unos horarios más amplios. Esto introduciría una discriminación positiva a favor de los locales con actuaciones musicales que les compensaría por los mayores costes de esta actividad. Es cierto que en términos generales, y por pequeña que fuese, la medida supondría una carga para el sector, pero viendo la expansión de la que se ha beneficiado en los últimos años no me parece que resulte demasiado preocupante, especialmente si tenemos en cuenta que se trata de una actividad regulada que disfruta en cierto grado de beneficios extraordinarios como consecuencia de una competencia en buena medida limitada por las licencias ya concedidas. Como contrapartida los beneficios podrían ser importantes, se estimularía la creatividad y la industria, pero también la aparición de una nueva oferta de ocio, susceptible de identificarse con una ciudad o región determinada y de constituirse en un importante factor de atracción y diferenciación cultural y turística. Evidentemente la cuestión “siempre” es más compleja, pero no me parece una idea descabellada.