
viernes, 2 de marzo de 2007
“Cultura” a golpe de talonario

martes, 9 de enero de 2007
De rulas y mercados

Uno de mis mejores recuerdos de Santiago de Chile es la visita y comida en el Mercado Central. Este edificio de acero fue fundido en Inglaterra en 1868 e inaugurado en 1872. Hoy en día las galerías laterales están dedicadas a la venta de los excelentes pescados y mariscos chilenos, mientras que la parte central y las galerías superiores albergan restaurantes especializados en estos mismos productos. El mercado es un atractivo turístico de primer orden, lo que resulta fácil de entender. Adentrarse en él permite contemplar bajo su bóveda increíbles variedades de pescados y mariscos, desconocidas en España y en otras muchas partes del mundo, que llaman la atención por su diversidad y tamaño. Grandes congrios y corvinas, enormes almejas, caracolas, picorocos, jaibas y machas, con el atractivo añadido de que todo lo que a uno le sorprende en un sitio puede ser degustado acto seguido en otro, disfrutando de un mismo ambiente pintoresco y vital, y acompañado por alguno de los buenos vinos chilenos. El mercado central es un museo vivo. Es un museo del mar y del acero. Pero además es un museo etnográfico, de la pesca, de la gastronomía y de los intercambios.
En Gijón también tuvimos algo de esto. La antigua pescadería municipal y la antigua rula eran sitios en los que se podía ver algo más que pescados y mariscos, se veía una forma de vida, una forma de hablar, un tipo de gente. Parafraseando al coronel Aureliano Buendía podría decir que fue en la vieja rula donde conocí el hielo, pues aún recuerdo los trozos blancos tirados por el suelo, caídos de las cajas de pescado, con los que me gustaba jugar cuando era niño. Recuerdo también los raíles del tren empotrados en el piso del paseo y los carros de madera de las marisqueras a la puerta, llenos de centollos, todos los domingos. No faltaban, también los domingos, los camiones de oricios venidos de Galicia que vendía su producto por paladas, y así, entre pescadores, marisqueras, compradores y paseantes, el antiguo barrio de Cimadevilla rebosaba de vida. En cambio hoy en día es difícil encontrar caldo de pescado en el entorno del ayuntamiento, y sólo recientemente El Centenario, a petición de un cliente, ha vuelto a servirlo. La moraleja, que la hay, es que es necesario revisar nuestra idea de “museo” e incluso, me atrevería a decir, la propia idea de “cultura” por no hablar de la de “urbanismo”.
viernes, 29 de diciembre de 2006
De qué hablamos cuando hablamos de industrias culturales

En muchas ocasiones hablamos de industrias culturales sin tener muy claro a qué nos referimos exactamente. Con este post pretendo contribuir a aclarar un poco dicha confusión. En el Anuario de Estadísticas Culturales 2006 recientemente publicado por el Ministerio de Cultura se recogen algunos cuadros que pueden ayudarnos a hacernos una mejor idea de que son las industrias culturales. Lo primero que llama la atención es que la tipología es muy variada, pues las nueve categorías descritas suponen solamente el 59% de las empresas englobadas bajo el calificativo de cultural, correspondiendo el 41% restante a “otras actividades artísticas y de espectáculos”. Dentro de las distintas categorías las empresas dedicadas a las artes gráficas destacan por su elevado número (25%), seguidas de las empresas editoras (12,5%) y las actividades cinematográficas y de vídeo (10,1%).
Si atendemos al valor de la producción, las empresas de artes gráficas mantienen un liderazgo mucho más matizado (8.266 millones de euros) seguidas de cerca por la edición (8.038 millones), radio y televisión (6.596 millones), actividades cinematográficas y de vídeo (3.928 millones), actividades artísticas y espectáculos (3.035 millones), y otras actividades como la fotografía o las agencias de noticias no llegan a los 1.000 millones de euros.
En cuanto al empleo son las artes gráficas y la reproducción de soportes gravados las actividades que más puestos de trabajo genera, con 137.600 ocupados en 2005 (26,8%) seguidas de la edición con 72.800 ocupados (14,2%), y la radio y televisión con 54.400 (10,6%).
Supongo que a todo esto tendríamos que sumar los miles de inmigrantes que viven vendiendo copias de cd y dvds piratas por la calle. No hay ironía en la foto, simplemente me gustó.
sábado, 23 de diciembre de 2006
Turismo cultural
El Anuario de Estadísticas Culturales 2006 publicado por el Ministerio de Cultura recoge algunos datos interesantes. Asturias es la comunidad autónoma en la que el peso del turismo cultural es mayor, pasando los viajes por este motivo del 10.9% en el 2003 al 18% sólo un año después, muy superior al 12,5% de media nacional. Casi todos los grupos de edad realizan turismo cultural, aunque el peso de la franja comprendida entre los 45 y los 75 años está ligeramente por encima de la media. Los turistas culturales gastan más que otro tipo de turistas, pues su gasto representa el 24,6% del gasto total en el caso de Asturias y 16,4% en el conjunto de España. Las principales comunidades emisoras, en términos relativos, de este tipo de turistas están muy próximas a Asturias, pues son los cántabros y vascos los más aficionados a este tipo de turismo, aunque en términos absolutos Madrid es la principal comunidad emisora. Por otra parte el peso de los turistas culturales entre los usuarios de casas rurales (31,4%) es superior que en otro tipo de alojamientos. En cuanto a los turistas extranjeros son los americanos los que más vienen a España por motivos culturales (49%), visitando principalmente Cataluña, Madrid y Andalucía, pero representando lógicamente el porcentaje más importante respecto del total de turistas recibidos en la Comunidad de Madrid (30,9%).
Los datos parecen apuntar a que el turismo cultural es especialmente importante para nuestra región y debe ser cuidado y fomentado. Mercados emisores cercanos (vasco y madrileño), gusto por los alojamientos rurales, mayor nivel de gasto, y el potencial de los mercados americanos, incluyendo el aprendizaje del idioma castellano, parecen factores clave a considerar, además del potencial creado por las nuevas rutas aéreas, por supuesto.
Sin embargo, después de leer el comentario de Oriol (os recomiendo que lo leáis, pues sin él este artículo estaría muy cojo), me doy cuenta de que la simple presentación de los datos resulta insuficiente. Es necesaria una reflexión acerca de que consideramos turismo cultural y de como se satisface dicha demanda. El modelo de "ciudad museo" al estilo de Bilbao en primer lugar no resulta generalizable, pero, además, tiene poco de cultural. Corremos el riesgo de, como dice Oriol, banalizar la cultura local e incluso destruirla, convirtiendo la ciudad en un parque temático extraño para sus propios habitantes.
miércoles, 6 de diciembre de 2006
La Ciudad de los Libros

Hay-on-Wye es un pueblo galés de menos de 2.000 habitantes en el Parque Nacional de Brecon Beacons, muy cerca de la frontera con Inglaterra, y es mundialmente conocido por sus más de 40 librerías de viejo. A mediados en los años 60 Richard Booth, propietario de un castillo semiderruido, empezó a negociar con libros usados. El negocio iba bien y pronto el castillo se le quedó pequeño, así que fue comprando progresivamente otros edificios del pueblo que iban quedando desocupados: el cine, la estación de bomberos… En la actualidad otros libreros han acudido a instalarse allí. El pueblo cuenta también con diez negocios de antigüedades, varios hoteles y una buena cantidad de Bed & Breakfasts, cafés y otros negocios turísticos. Una vez al año, en mayo, se celebra el Festival Literario de Hay, al que acuden más de 80.000 personas, entre ellas algunas tan conocidas como Al Gore o Bill Clinton, quien calificó el festival como: “The Woodstock of the Mind” tal y como The Guardian, patrocinador oficial del encuentro, se encarga de recordarnos en su web. En la actualidad otras ciudades alrededor del mundo han seguido el ejemplo de Hay y se ha creado incluso una organizacion internacional de “ciudades del libro” o "booktowns". A dicha red pertenecen ciudades como Redu (Bélgica), Montolieu (Francia) u otras muchas en Suiza, Finlandia, Australia, USA o Malasia. Recientemente también Segovia y Cartagena de Indias han alojado actividades relacionadas con el festival.
Hay on Wye es un buen ejemplo de diferenciación turística y cultural. El paisaje y la belleza del pueblo han sido sin duda fundamentales para su exito, pero exiten docenas de pueblos con ese mismo "encanto" por todo el Reino Unido. Hay tuvo la suerte de que Richard Booth tuviese la visión y la capacidad de desarrollar una nueva actividad no sólo complementaria, sino totalmente multiplicadora del natural atractivo del lugar. Hay on Wye es más que un bonito pueblo y unas cuantas librerias, la "Ciudad de los Libros" es en sí misma un producto turístico diferenciado, que supera la simple suma de las partes. Experiencias como ésta deberían llevar a muchos a replantearse la rancia idea de que toda oferta cultural que se precie ha de ser, por definición, deficitaria.
martes, 5 de diciembre de 2006
Visita a la Alhóndiga
El Ayuntamiento de Bilbao está construyendo un centro cultural multiusos en un antiguo almacén de vinos, la Alhóndiga. El complejo, de unos 40.000 m2, albergará mediateca, sala de exposiciones, piscina, cines, restaurantes, zona comercial y otra serie de equipamientos dedicados al ocio, el aprendizaje y el deporte. Cómo ya empieza a ser habitual en este tipo de proyectos se ha buscado a un arquitecto de renombre que empiece por añadir atractivo al propio continente. En este caso se ha optado por Philippe Stark, más conocido como diseñador e interiorista que como arquitecto. La web del proyecto, vinculada arriba, ofrece más información. Yo por mi parte sólo quiero añadir alguna observación personal fruto de la visita realizada al proyecto y de las exhaustivas explicaciones que muy amablemente nos dio su directora.
En primer lugar parece evidente que el proyecto, en apariencia costosísimo, prestará un importante servicio al centro y a toda el área metropolitana de Bilbao.
Arquitectónicamente habrá que esperar a verlo terminado, pero mi impresión es que Shark ha optado por no diseñar una fachada, sino un interior, que es por otra parte su especialidad. La fachada exterior se mantiene, el pequeño recrecido apenas será visible y mostrará un paño limpio de cristal. El espacio interior se cubre totalmente y se crea un gran atrio de entrada en el que la luz natural se limita para poder ofrecer la iluminación “dramática” de marcados contrastes y efectos, como bien refleja el dibujo del proyecto que ilustra este artículo. La planta baja se extiende sin interrupción por debajo de los edificios interiores con una altura de tan sólo tres metros, creando un espacio de recogida penumbra. Las entradas serán pocas y más bien pequeñas, los locales comerciales no tendrán acceso desde el exterior…en resumen el edificio se verá y disfrutará desde dentro.
Económicamente se ha intendado conseguir una cuenta de resultados lo menos deficitaria posible, acudiendo a concesionarios y patrocinadores y renunciando a gestionar directamente todas aquellas actividades consideradas no estratégicas. En cualquier caso mi impresión es que, con todo, se ha asumido un déficit de explotación demasiado elevado (más de 8 millones de euros anuales). Hay algunos servicios, como los deportivos (gimnasio, spa...) o las salas de cine, que no estoy seguro de que tengan que generar perdidas aunque su uso y precios se vean condicionados por objetivos de "no mercado". Por otra parte apenas se aprovecha una pequeña parte del potencial de los espacios comerciales. Pensemos que se trata de una manzana entera en pleno centro de Bilbao en la que los pocos locales existentes no tendrán acceso desde el exterior y sus escaparates se elevarán con respecto al nivel de la calle, con lo que se reduce considerablemente su capacidad de generar ingresos, aunque también es posible que esta decisión se haya tomado por alguna razón que desconozco. Es cierto que un MacDonald’s o una carnicería serían inapropiados para el centro, pero ¿por qué no galerías de arte, librerías, anticuarios u otro tipo de negocios de carácter cultural que, además de añadir atractivo al proyecto contribuirían a reducir el déficit y a aprovechar los recursos públicos de una manera más racional ? ¿Por qué determinadas actividades, cotidianas si, pero quizás por eso también atractivas, y susceptibles de una dimensión cultural, como comprar o comer, nos parecen indignas de figurar en determinados proyectos? Y no es que en la futura Alhóndiga no se pueda comprar o comer, que se podrá, sino que se ha renunciado a aprovechar el potencial de dichas actividades sin una razón demasiado evidente para alguien, como yo, sólo medio informado.
martes, 28 de noviembre de 2006
Música en Vivo y Horarios de Cierre

martes, 21 de noviembre de 2006
Universidades Populares: activando la creatividad

Fue aquella una iniciativa encomiable y ejemplo de compromiso con el progreso y la cultura, pero ¿para qué sirven hoy en día las universidades populares? Para contestar a esta pregunta tomaré el ejemplo de una de las universidades populares de mayor tradición e implantación de España: la Universidad Popular de Gijón.
La UP de Gijón tiene entre sus objetivos declarados mejorar la oferta de enseñanzas no regladas a la comunidad, favorecer el ocio cultural, las relaciones sociales, el asociacionismo y la participación ciudadana. Después de 25 años de historia podemos decir que ha conseguido sus objetivos.
En la actualidad la UP de Gijón ofrece más de 400 cursos anuales de diversas temáticas que pueden agruparse en tres grandes bloques:
a) Formación ocupacional: se ofertan cursos de formación no reglada que sirven de iniciación a otros estudios oficiales o para completar el currículo.
b) Atención a la diversidad de la población adulta: incluye por ejemplo cursos de fomento de la integración multicultural, para personas mayores, presos o discapacitados.
c) Programas para la educación y ocio cultural. Formativos en distintas disciplinas artísticas. Son sin duda los más populares.
Esta oferta se realiza en diez centros municipales repartidos por toda la ciudad. Algunos de ellos están dotados de servicios deportivos, espacios para asociaciones, bibliotecas, mediatecas, etc. que hacen de ellos auténticos puntos de referencia en sus barrios.
El resultado es que como consecuencia de todo esto más de 48.000 personas han tenido la oportunidad en los últimos 10 años de completar su formación mediante la realización de alguno de sus cursos. Pero, además, se ha ofrecido una alternativa cultural a otros tipos de ocio, y se ha posibilitado la adquisición de nuevos “recursos”, relaciones y perspectivas a una población que, en su mayor parte, adolecía de cualquier tipo de formación artística o de medios a través de los cuales canalizar su creatividad. En resumen, se han generado dinámicas enriquecedoras desde la perspectiva social y personal, como lo demuestran las docenas de asociaciones creadas por ex alumnos para seguir cultivando sus aficiones una vez terminados los cursos. Por todo ello podemos decir que las universidades populares son efectivamente populares y, aunque están alejadas de la “excelencia” formativa y del rigor propio de las auténticas universidades, no son en absoluto una iniciativa despreciable. Sus servicios son acogidos con satisfacción por los ciudadanos y su capacidad para generar dinámicas sociales digna de tener en cuenta.
