miércoles, 6 de diciembre de 2006

La Ciudad de los Libros



Hay-on-Wye es un pueblo galés de menos de 2.000 habitantes en el Parque Nacional de Brecon Beacons, muy cerca de la frontera con Inglaterra, y es mundialmente conocido por sus más de 40 librerías de viejo. A mediados en los años 60 Richard Booth, propietario de un castillo semiderruido, empezó a negociar con libros usados. El negocio iba bien y pronto el castillo se le quedó pequeño, así que fue comprando progresivamente otros edificios del pueblo que iban quedando desocupados: el cine, la estación de bomberos… En la actualidad otros libreros han acudido a instalarse allí. El pueblo cuenta también con diez negocios de antigüedades, varios hoteles y una buena cantidad de Bed & Breakfasts, cafés y otros negocios turísticos. Una vez al año, en mayo, se celebra el Festival Literario de Hay, al que acuden más de 80.000 personas, entre ellas algunas tan conocidas como Al Gore o Bill Clinton, quien calificó el festival como: “The Woodstock of the Mind” tal y como The Guardian, patrocinador oficial del encuentro, se encarga de recordarnos en su web. En la actualidad otras ciudades alrededor del mundo han seguido el ejemplo de Hay y se ha creado incluso una organizacion internacional de “ciudades del libro” o "booktowns". A dicha red pertenecen ciudades como Redu (Bélgica), Montolieu (Francia) u otras muchas en Suiza, Finlandia, Australia, USA o Malasia. Recientemente también Segovia y Cartagena de Indias han alojado actividades relacionadas con el festival.

Hay on Wye es un buen ejemplo de diferenciación turística y cultural. El paisaje y la belleza del pueblo han sido sin duda fundamentales para su exito, pero exiten docenas de pueblos con ese mismo "encanto" por todo el Reino Unido. Hay tuvo la suerte de que Richard Booth tuviese la visión y la capacidad de desarrollar una nueva actividad no sólo complementaria, sino totalmente multiplicadora del natural atractivo del lugar. Hay on Wye es más que un bonito pueblo y unas cuantas librerias, la "Ciudad de los Libros" es en sí misma un producto turístico diferenciado, que supera la simple suma de las partes. Experiencias como ésta deberían llevar a muchos a replantearse la rancia idea de que toda oferta cultural que se precie ha de ser, por definición, deficitaria.

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